lunes, febrero 09, 2015

Corazones humanos


—¡Arráncamelo! —exclama de pronto—. ¡No puedo más, es insoportable! No lo aguanto, se escapa a mi control. No soporto la forma en la que bombea aceleradamente con tu recuerdo. O sentir cómo se encoge cada vez que alguien pronuncia tu nombre. ¡Ya no lo quiero, ten! ¡Tíralo donde quieras! Porque tampoco pienso convertirme en una de esas personas que lo guardan en un frasco de cristal y lo llevan consigo a todas partes, mostrándolo, exhibiéndolo como un trofeo. Y casi parecen gritar: 

«¡Mira, lo tengo aquí guardado,
así que trátame con cuidado
y no hagas que se estampe contra el suelo...!».

Qué más da que se haga añicos,
si cada vez que lo miro
ardo más en tus infiernos.

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