martes, mayo 10, 2011

Russian Red

Hacía mucho tiempo que no dedicaba un espacio en Lacrima di Ghiaccio a hablaros de algún descubrimiento que hago o demás, quizá porque he estado demasiado tiempo paseando por las nubes. Prometo alternar contenidos, sé que a menudo puedo volverme demasiado repetitiva, así que os pido disculpas por ello.

Tras esa pequeña anotación, entro de lleno en el tema que quería comentar hace algún tiempo. Los que me conocen saben que mis gustos musicales son bastante amplios en cuanto a estilos se refiere (perfectamente me puedes sorprender escuchando a All Time Low como a BMTH), por lo que me encanta que la gente me recomiende un grupo u otro (que luego me gusten es otra cosa). Y una de las personas que suele enviarme canciones (mediante Spotify, que, por cierto, ¡vaya putada lo del recorte a 10h/mes!) es Idoia. Gracias a ella escuché por primera vez a la chica de la que hoy vengo a hablaros, Lourdes Hernández, o más conocida como Russian Red. Esta cantautora española natal de Madrid me sorprendió desde el primer momento. De hecho, nunca pensé que fuera de España, pues nada más escucharla di por hecho que con mucha probabilidad sería británica (sobre todo porque Idoia suele mandarme canciones de grupos en general británicos o estadounidenses). Imaginad mi sorpresa al descubrir que era de mi país.


Esta maravillosa chica (porque para mí lo es sin ninguna duda) ha sabido cautivarme tanto por su voz y su estilo único como por las preciosas letras de sus canciones. Tiene ese "algo" que pocas veces un cantante o grupo posee para que te guste, hablando personalmente, claro. Un claro ejemplo de que se puede seguir haciendo música que guste sin pasar por OT y demás programas a los que sólo les interesa ganar dinero. Cosas como ésta hacen que mi esperanza en la música española perviva, aunque sólo sea un poquito. Os la recomiendo encarecidamente, más todavía si vuestros gustos se mueven por el indie o la música acústica. Os dejo una de sus canciones, mi favorita. Sencillamente maravillosa.


domingo, mayo 08, 2011

El lugar

No es que fuera el mejor ejemplo de conducta para mí, pero sí lo fue a la hora de pensar. Nunca fue como las demás, ella jamás trató de que creyera que el mundo estaba a mis pies, que era muy fácil desenvolverse en él y que cualquier cosa era posible. No, ella era demasiado realista como para hacerme ver la vida de esa forma. Siempre decía las cosas claras, con toda la sinceridad que le era posible.

No acostumbraba a darme charlas filosóficas, de hecho las pocas veces que nuestras conversaciones se asemejaron a tal cosa estaba medio borracha y no fue su intención. La recuerdo todavía sentada en la vieja mecedora que le hacía polvo la espalda (y aún así aseguraba que era el asiento más cómodo de toda la casa), con un vaso de whisky en la mano derecha y un cigarro en la izquierda. Solía decir que cualquier lugar puede ser el lugar. Ése en el que te sientes absoluta y completamente en paz. Donde todo parece estar en calma y nada parece poder perturbarlo. Sí, recuerdo su sonrisa al decirme aquellas palabras... Yo siempre había pensado que ese lugar que me describía aquella mujer era aquél mismo, mi casa. Por eso yo fruncía los labios pensativa cuando me volvía a recordar aquella frase. "Cualquier lugar puede ser el lugar". Ante aquello, una mañana, me atreví a preguntarle cuál era para ella ese lugar. Me dirigió una mirada de nostalgia y murmuró "desde que tu padre nos dejó, cariño, jamás he vuelto a encontrarlo". Y fue entonces cuando finalmente comprendí el verdadero significado de sus palabras.

Cuando cierres los ojos, T.P.
jueves, mayo 05, 2011

Si no hi ets




¿Acaso no has sentido todavía la descarga eléctrica que se produce con tan sólo rozar mi piel? Pero no importa: acaríciame. Vuelve a sentirlo una vez tras otra. Ignora los latidos, el sudor frío o mis miradas de ira. Al fin y al cabo, lo hiciste una vez, no puede ser demasiado complicado actuar una segunda. Recuerda tu guión, yo prefiero improvisar mi papel. No dudes ni un segundo más o puede llegar a ser demasiado tarde. Seu amb mi; si no hi ets, tot perd el seu sentit.
domingo, mayo 01, 2011

El cristal


¡Cuánta ilusión puede provocar dibujar en un cristal empañado! Cuidadosamente y con determinación, aprieta su fino dedo sobre el vidrio helado trazando líneas sin sentido, para aquí y para allá. Nadie la detiene porque la ven entretenida con la actividad, y eso no es algo que suceda todos los días. Al cabo de un rato, toda la ventana muestra una serie de líneas, círculos, garabatos al fin y al cabo, hechos por alguien que todavía no sabe descifrarlos. Sin embargo, cualquiera si se esfuerza puede interpretarlos. ¿Acaso ese redondel trazado torpemente no es sino el claro símbolo de las buenas notas que va a sacar en el futuro? O aquellos puntos de allá, ¿no se pueden distinguir las dulces notas de una canción que compondrá mucho más adelante? No, claro que no. Porque, sin ninguna duda, nada de todo esto se puede llegar a adivinar de sus dibujos. Es demasiado temprano para poder saber nada sobre su porvenir. De todos modos, ella tampoco está demasiado interesada. Sostiene el dedo índice en alto, con la yema humedecida, tras haber hecho todo aquello, y contempla su obra unos instantes muy satisfecha. Es, con diferencia, lo mejor que ha hecho en todo el día. La sonrisa no le cabe en el rostro. Y si supiera, si pudiera interpretar cada uno de sus rayajos, disfrutaría aún más de aquel instante de felicidad, sentimiento producido por el trabajo bien hecho. "¡Alice, ven aquí!". Lo bueno no dura siempre. Incluso ella, con cinco años, lo sabe. Su disfrute acaba con las palabras de su madre. Obediente, acude a la llamada, dejando la ventana sola y sin nadie que la admire.

Y ojalá ese momento le hubiera durado más.
martes, abril 26, 2011

Un sueño, o delirio

Hace dos noches, tuve un sueño. Era el típico delirio en el que nada tiene sentido. Las cosas se suceden una tras otra sin que tú puedas intervenir. Pasan. Y tú las ves pasar. Durante unos segundos te conviertes en el espectador de tu propia película. Ves a tus amigos reír, a tu mascota morir, a cientos de personas conocidas gritar... Quieres extender la mano para atravesar ese velo invisible que te separa de ellos. Sin embargo, sabes que no puedes. Y ese convencimiento te hace mantener tu mano sobre el reposabrazos de tu asiento.

De pronto, algo te arrastra. Te succiona hacia arriba. En un instante das cientos de vueltas en el aire. Sólo puedes cerrar los ojos...y esperar. Esperar a que acabe toda aquella locura en la que se está convirtiendo tu sueño. Pero finalmente te detienes y te das cuenta de que ahora sí, estás dentro. Te mueves cuidadosamente; tus movimientos resultan pesados y costosos, como si estuvieras sumergido en una piscina. No obstante, no hay agua: todo está cubierto por un montón de pensamientos. No sabes lo que debes hacer. Y, entonces, una duda: ¿qué es lo que quieres hacer? Todo ese océano de imágenes...te produce diferentes sensaciones. Algunas mejores, otras peores. Sensaciones al fin y al cabo. Te das cuenta de que echas de menos unas, lo cual no resulta adecuado. Otras quisieras borrarlas, hacerlas desaparecer para siempre, y seguiría sin ser lo correcto. Entonces, ¿qué?

¿Sabes? Aquel sueño se ha repetido más de una vez. Todavía no acabo de comprenderlo del todo, pero siempre acaba igual...: aprendo a nadar, salgo del océano, vuelvo a mi butaca... y regresas.
domingo, abril 24, 2011

Discreción


Me encantaría ser menos discreta. Y entonces, lo consigo. En ese mismo instante, en el que me doy cuenta de que lo estoy consiguiendo, es en el que digo stop. ¿Y si lo estoy siendo demasiado? A fin de cuentas, mi propósito tampoco era la indiscreción. Suspiro. No hay manera, no logro quedarme en la mitad. Ni mucho ni poco. O me paso o no llego. ¿Y prefiero pasarme o no llegar? Reflexiono mordiéndome el labio inferior bajo varias miradas. Más la tuya, que abrasa. Todavía no sé lo que voy a hacer, de hecho dudo de que en algún momento lo haya sabido. Un par de pasos y me detengo. La maldita inseguridad no es nada nuevo en este cuento. No sé cuándo lo he recordado, pero hubo una vez en la que no medía tanto mis pasos.
jueves, abril 21, 2011

Complejidad

No sé cómo llegamos a complicar tanto algo tan sencillo. Al final va a resultar que la vida es mucho más simple de lo que creemos. Y que, no obstante, somos nosotros los complejos. Nosotros. Por eso me resultan graciosas bastantes situaciones que se han ido sucediendo en los últimos tiempos. Realmente increíbles, sin duda. Me han hecho sonreír, y mucho. Aplausos. La gente compleja me hace feliz. Reconsidéralo. Chapas, chocolate, ramen... Un 'quédate', y todo cambia.
 

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